En Bici de Córdoba a Jujuy

“Recreo, Catamarca.

Martes 02 de abril de 2013

18:30 hs.                                                                                       

Hoy empiezo el diario de viaje. Hace poco más de una semana que arrancamos. Recién hoy logro sentarme a escribir. He estado pensando todos estos días, desde la partida, cada palabra de cada día vivido hasta ahora. Por eso hoy empiezo para atrás, hacia el pasado, a ese domingo 24 de marzo en que dimos la primera pedaleada.

Amanecimos temprano, a eso de las seis de la mañana, nos faltaba terminar de armar las alforjas y limpiar los baños del departamento. El día anterior habíamos tenido el casamiento de mi amiga Fer, al mediodía, y la última despedida con amigos, de muchas, a la noche. Ese sábado terminaba una semana agitada. Preparativos de viaje, despedidas, pintar el departamento, entre otras cosas, habían gestado una semana agobiante. Ambos queríamos que termine. Los momentos de ansiedad y llanto no faltaron y el día de partida era cada vez más deseado.

Al fin llegó el domingo. Una mañana tranquila y luminosa en Nueva Córdoba. Terminamos de armar las alforjas y mochilas, inflar las ruedas de las bicicletas y repartir algunas de las varias cosas que todavía quedaban en el departamento, entre los amigos que madrugaron para despedirnos. Vero, Polilla, que ese día cumplía sus 29 añitos, y Gise “la Flaca” charlaban y tomaban algunos mates, mientras nosotros hacíamos los últimos nudos y metíamos las cosas que quedaban entre los recovecos que encontrábamos. Abajo nos esperaban José, hermano de Caro, Patricia, su cuñada, y sus sobrinos: Martina, Morena, Bautista y la pequeña Lucía.

Entre fotos que sacaba Polilla y, ahora sí, los últimos nudos, nos despedimos. Escoltados hasta la circunvalación que rodea Córdoba, con sonrisas, gritos de aliento, saludos y más fotos, partimos pedaleando y empezamos a viajar. El primer destino: Colonia Caroya, por el clandestino camino, según las palabras de Alejandro, nuestro primer anfitrión, de Colonia Tirolesa.

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Loreto, Santiago del Estero.

Sábado 06 de abril de 2013

A la tarde

Retomando el diario, con el objetivo de ponerme al día, continúo contando aquel 24 de marzo que parece tan lejano.

Nos hospedaron Marcela y Alejandro, coterráneos de Caro. Era nuestra primera noche en muchos sentidos. Primeros huéspedes, primer día de un nuevo estilo de vida, primer día como nómades. Las primeras preguntas sobre el viaje, el destino, el motivo, la forma y el tiempo,y las primeras respuestas. Fue como ir armando una carta de presentación a la cual recurriríamos más adelante.”

 

Así comienza el diario del viaje en bicicleta que hicimos con Caro, desde Córdoba a Jujuy -primera etapa del viaje por Latinoamérica- y que nunca pude concluir.Por ello les acerco unacrónica de aquel fantástico viaje en dos ruedas, modalidad elegida de aquí en más para contar nuestras aventuras.

ARGENTINA

CÓRDOBA

Colonia Caroya

Domingo 24 de marzo de 2013.

Ingresamos por la Avenida de los Plátanos y la recorrimos en casi toda su longitud. Todo el día fue luminoso y un sol tibio y pálido de otoño nos acompañó, hasta que la sombra de los plátanos lo taparon. Luego de transitar la extensa avenida principal, nos dispusimos a buscar, previo almuerzo-merienda de unos sándwiches, la casa de nuestros futuros huéspedes.

Fue un día especial. Por ser el primero del viaje y por las primeras experiencias. Así, fuimos de a poco viviendo y aprendiendo de cada una de ellas. Desde las mas cotidianas, como usar baños y camas ajenas, hasta las más llenadoras y profundas, como empezar a conocer gente nueva, cada una con una historia para contar, y el poder escucharlas y compartir momentos sinceros y generosos.

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Sarmiento

Lunes 25 de marzo.

Luego de la cariñosa despedida de Marcela y Alejandro, partimos para Sarmiento. Desconocíamos casi todo de este pueblito, solo habíamos visto en el mapa que se encontraba a mitad de camino entre Colonia Caroya y Deán Funes, nuestro siguiente destino. Como la distancia era casi igual a la del primer tramo, y este nos había parecido bastante largo para una primera jornada (60 kms.), decidimos pasar y quedarnos una noche en este punto intermedio.

En este tramo dejamos la Ruta N9, para tomar la Ruta N60, por la cual andaríamos hasta el ingreso a Catamarca.

Rodeado de cultivos y por algunas sierras verdes, el pequeño pueblo se muestrapróspero y apacible. Llegamos pasado el mediodía, encontrado las calles desiertas. Apurados por cocinar, con el hambre potenciado por la travesía, acomodamos las bicicletas y preparamos los utensilios en una plazoleta cerca de la estación de trenes. Mientras Caro preguntaba en la terminal, a 100 metros de donde nos habíamos acomodado, sobre algún lugar para acampar, yo la esperaba atentamente observado por dos curiosas nenas de unos siete años. Ante sus miradas constantes, solo interrumpidas por el busto de un prócer, detrás del cual se escondían, lessolté un simple “hola”.Así abrí el camino para el diálogo y sus muchas preguntas: “¿La chica es tu señora?” “¿Las bicicletas tienen motor?” Y así muchas más. Cuando Caro volvió, ya nos habíamos presentado, Paulina, Ludmilay yo. Nos acompañaron a comer a orillas de la estación del tren y se fascinaron, al igual que nosotros, de nuestra improvisada cocina, que por primera vez usábamos: una lata de arvejas agujereada alrededor con un poco de alcohol en su interior.

El cielo luminoso empezó a cambiar ante la presencia de nubarrones grises. Paulina, viendo que todavía cocinábamos, nos interrogo: “¿Qué pasa si llueve?”“Nos mojaremos” respondí, replicando la niña: “a este no le importa nada”. Luego de comer, las nubes que rondaban se agruparon, descargando una tenue y pasajera lluvia. Al reparo del alero de una de las edificaciones de la vieja estación, esperamos que vuelva el sol. Nuestras nuevas amigas, primero Paulina y luegoLudmila, partieron para sus casas.

No pasó mucho tiempo para que el sol volviera a brillar. Aprovechando esta circunstancia dimos unas vueltas por el pueblo. En la plaza, otro grupo de niños se acercó ante las fotografías que sacaba Caro, posando y riendo nos preguntaron del viaje y de los lugares a donde iríamos.

Ya de noche, habiendo elegido el lugar para acampar y listos para ello, apareció Ludmila con tres niñas más, sus primas. Nos miraban mientras armábamos la carpa haciendo todo tipo de preguntas, pero la que más se repetía era: “¿cuándo van a hacer el fuego?”. Ludmila les había contado que cocinábamos con una latita de arvejas. Ellas vinieron a verlo. Entrada la noche, luego de comer, ya sin la compañía de las curiosas niñas, nos acostamos para madrugar y emprender el siguiente tramo.

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Deán Funes

Martes 26 de marzo.

Llegamos al mediodía y teníamos un contacto que nos hospedaría. Cuando fuimos al lugar, no nos pareció muy acogedor, inclusive el señor que se ofreció para alojarnos nos recomendó que vayamos al camping municipal, dondenos dijo que estaríamos máscómodos. Convencidos de ello, partimos para allá. En el camping la tarifa nos pareció bastante elevada, por lo que emprendimos la búsqueda de otro hospedaje. Luego de pasar por la capilla, no encontrando a nadie, se nos prendió la lamparita. Recordamos que en alguno de los blogs de viajeros que habíamos visto, contaban que en los cuarteles de bomberos eran bien recibidos los viajeros. Entonces hacia allí partimos. Fue el primer cuartel en donde nos alojamos. ¡Que grata experiencia! Nos mostraron el cuartel y contaron de sus vidas, sus hijos y mujeres (con álbum de fotos de casamiento incluido), de su profesión y lo sacrificado de la misma. Pero sobre todo nos pudieron transmitir la pasión de ser bombero. Así pasamos la tarde y noche compartiendo mates y escuchando anécdotas.

A la mañana siguiente, luego de un placentero descanso –colchones, frazadas y una ducha caliente, nunca fallan para tener dulces sueños– partimos para Quilino. En el cuartel nos comentaron de los bomberos de aquel pueblo y de que seguro seríamos bien recibidos. Entre sonrisascómplices nos dijeron que preguntemos por Fabio.

Quilino y Villa Quilino

Miércoles 27 y jueves 28 de marzo.

El cuartel quedaba a unas pocas cuadras de la ruta. En su entrada nos topamos con un hombre flaco y alto de unos cincuenta años de edad, quien salió a recibirnos, Silvio Fabio era su nombre. Nos mostró el humilde cuartel e invitó a que nos sintiéramos como en nuestra casa. Así lo hicimos, extendiendo nuestra estadía un día más del previsto. Nos cedieron sus camas y compartieron su mesa. Escuchamos atentamente las historias de Don Fabio, uno de esos personajes que nunca se olvidan. Hombre recio y campechano, de principios simples e inquebrantables, no dejópasar las oportunidades que se presentaron para contarnos de sus andanzas.

Aprovechamos los dos días en Quilino para recorrer el pueblo y la Villa que se encuentra al otro lado de la ruta. Ya desde Deán Funes el paisaje comienza a cambiar. Menor humedad, más tierra y más calor son características que se van acentuando a medida que se avanza por el  norte cordobés.

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San José de las Salinas/ Lucio V. Mansilla

Viernes 29 y sábado 30 de marzo.

Descansados, luego de los dos días en Quilino, partimos para San José. Otro destino no planeado inicialmente, el cual nos llamó la atención luego de analizar la distancia a Lucio V. Mansilla (el destino original) y sufrir el fuerte sol que hacia arder la tierra seca de esta parte del suelocordobés.

El pueblo es pequeño y, como todos los de esta parte de Córdoba, bastante árido. El sol siempre está presente y las Salinas Grandes se vislumbran a lo lejos formando una delgada línea blanca sobre el horizonte.

Paramos en el balneario municipal gracias al joven policía que nos escoltó con su camioneta hasta allí, para hablar con el encargado y, luego, con la intendente, ante la negativa del primero. Con la venia de esta última el encargado cedió, resultando ser, al contrario de la primera impresión, un señor muy amable.

Instalados en el balneario, una especie de oasis en el desierto, aprovechamos el césped, constantemente regado, para dormir una siesta. Luego, mientras Caro sacaba fotos por ahí, no pude soportar la tentación de meterme en la pileta para un refrescante chapuzón en ese caluroso día de otoño.

La mañana siguiente, más tarde de lo previsto, por una pinchadura de último momento, partimos para Lucio V. Mansilla, el último pueblo del norte cordobés por la Ruta N60. Un par de subidas pronunciadas, mucho calor y algo de viento, hicieron la jornada más dura que de costumbre.

El pueblo está compuesto por un par de casas, una pequeña comisaria y dos paradores, todo al costado de la ruta. Comimos en uno de estos últimos, donde nos prestaron su patio para acampar y nos alquilaron la ducha.

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CATAMARCA

Domingo 31 de marzo, lunes 01 y martes 02 de abril.

Recreo

Advertidos y alarmados de nuestro siguiente destino, al cual se llegaba atravesando las Salinas Grandes, amanecimos a las cinco de la mañana, partiendo a las siete de Lucio V. Mansilla. Desde Deán Funes nos venían advirtiendo del duro camino en donde el sol se potenciaba por el efecto de las salinas.

El sol comenzaba a salir mientras nosotros dejábamos Córdoba. Ya entrada la mañana, luego de algunas subidas, apareció una larga recta que parecía infinita. A sus costados, restos de sal mezclados con tierra nos daban a entender que ya transitábamos por las salinas. Continuando por ese camino, atravesamos el arbitrario límite que separa Córdoba de Catamarca, despidiéndonos de la provincia en que supimos vivir, diez Caro y yo once años.

En el puesto de gendarmería, situado en el medio de la recta, aprovechamos para resguardarnos de la resolana que, si bien hacia menguar la fuerza del sol, se hacía sentir. De paso comimos algo y tomamos agua. Mientras esperaba a Caro, que estaba en el baño, se acercó uno de los gendarmes y me hizo una pregunta que se repetiría, y aún hoy se repite, cada vez que hablamos de nuestro viaje, pero que en ese momento me causó mucha gracia, por el tono oficial que utilizó ypor el tiempo que tardó para elaborarla.“¿Cuál es el objeto de su travesía ciclística?”, preguntó. La respuesta fue rápida y sencilla: “Porque teníamos ganas”, le dije.

Al medio día llegamos a Recreo. En medio de un calor agobiante encontramos hospedaje en el albergue municipal. Compartimos la habitación con dos jóvenes trabajadores de la construcción, Cristian y Nelson, quienes paraban ahí por estar trabajando en una obra en el mismo predio y ser de un pueblo vecino.

Tres días nos retuvo la lluvia en Recreo, al siguiente, bien descansados, partimos hacia Santiago del Estero.

SANTIAGO DEL ESTERO

Frías

Miércoles 03 y jueves 04 de abril.

En la ruta, a la cual salimos entusiasmados y con más ganas que nunca, ocurrió un hecho que nos llamó la atención: un señor al vernos pedalear, detuvo su camioneta a cien metros de nosotros y, bajándose, nos preguntósi queríamos que nos acerque a Frías. Sin comprender mucho lo que nos quiso decir, comprendiendo la pregunta unos metros más adelante, nos negamos agradeciéndole sin parar la marcha. Posteriormente, en tramos más exigentes, recordaríamos aquel acontecimiento preguntándonos si ante una situación similar de vuelta nos negaríamos.

En Frías, paramos en lo de Lidia quien junto a su hija, María Lidia, y su nieta, Rita, nos esperaban hacía unos días. Nos trataron como si fuésemos de la familia. En los dos días en lo de Lidia aprovechamos para devolverle su generosidad pintándole un placar pequeño, el cual quería pintar desde hacía un tiempo, realizando así, por primera vez, uno de nuestros objetivos dentro del viaje, intercambiar.

La Punta

Viernes 05 de abril.

Desde Frías nos desviamos por una ruta provincial, ya que no queríamos seguir por la Ruta N157, nos habían comentado que al llegar a Tucumán era más transitada. Así, partimos hacia el este, pasando por La Punta, donde amablemente el encargado de la Capilla, Don Videla, nos dejó dormir dentro de esta. Durante nuestra breve estancia, aprovechamos para charlar con nuestro anfitrión –no Dios, sino Don Videla– quien nos contó sobre el único motivo por el cual el pueblo aun subsistía, la fábrica de yeso. En ese entorno pálido, de tierra seca y clara, el polvo de yeso que volaba por el aire era casi imperceptible.

Loreto

Sábado 06 de abril.

Llegados a la ciudad, almorzamos unas ricas empanadas de carne, disponiéndonos luego a buscar alojamiento. Nos hospedamos esa noche en el cuartel de bomberos, armando la carpa en una habitación en construcción que formaba parte de la futura ampliación del cuartel. No pudimos conversar mucho con los bomberos pero aprovechamos para dar unas vueltas por la ciudad. Solo el más veterano se acercó a la noche, mostrándonos esa característica típica de los bomberos voluntarios, la pasión por su profesión. Al otro día partimos para Santiago Capital.

Santiago Capital

Domingo 07, lunes 08 y martes 09 de abril.

Nos alojamos en lo de Teresa, nuestra primera anfitriona por couchsurfing.

Tres días estuvimos en Santiago. Recorrimosel centro y la costanera donde pudimos visitar algunos centros culturales y museos y sorprendernos de la creciente y modernizada capital. Como en toda ciudad pasamos un poco más inadvertidos, mezclados con la muchedumbre, aunque no faltó el ojo observador que nos distinguió, sobre todo el de aquel hombre con el cual supimos charlar en el parque, cerca del Río Dulce, quien mientras hacía fuego para las tortillas a la parrilla, nos compartió su sabiduría.

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La Banda

Miércoles 10 de abril.

Partimos hacía Abra Grande, un pueblo que creímos a tan solo 18 kms. de Santiago Capital. Estábamos entrando en el día dieciocho de travesía, aproximadamente la mitad del tiempo calculado (un mes de Córdoba a Jujuy) y también el punto medio del camino. Empezábamos algo así como la segunda mitad del viaje, y la definitiva.

Pasados unos kilómetros de La Banda nos percatamos de la lejanía de nuestro destino, mucho mayor a lo que creíamos, por lo que, apenas enterados de la verdadera distancia, buscamos albergue en el lugar más próximo, una antigua finca.Allí nos prestaron su patio para acampar. Era una granja pintoresca, llena de gallos y gallinas que correteaban a nuestro alrededor, un típico molino de viento y un establo con algunos caballos, entre otras cosas. Desde aquí en adelante solo nos hospedaríamos una noche en cada punto señalado en la ruta de viaje.

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Abra Grande

Jueves 11 de abril.

Luego de desayunar en la granja, partimos para Abra Grande. El paisaje era similar al que nos acompañaba desde Deán Funes, con las excepciones de los tramos Recreo/Frías y Loreto/Santiago. Es decir, se notaba la carencia de humedad a nuestro alrededor, remarcada por el transitar del otoño. Enelentorno dos colores se imponían: el amarillo de pastos secos en el suelo y el azul pálido del cielo despejado.

Mientras el sol brillaba con fuerza, la temperatura subía notablemente. Esto potenciaba la dificultad de las subidas que, casi siempre, suelen aparecer en el camino. Otro hecho curioso ocurrió en una de estas, mientras Caro tomaba la delantera. Una camioneta, sin percatarse de la dificultad de la pendiente ni de la concentración de Caro, redujo la velocidad poniéndose a su lado y,desde adentro,le preguntaron si esa era la ruta que iba a Jujuy. ¡Qué oportunos! ¿No les parece?

Abra Grande fue excepcional en su sequedad. Era medio día y el calor partía la tierra arenosa. El pueblo se compone de tan solo algunas casas distantes entre sí. Cincuenta familias, nos dijeron, lo pueblan. La falta de agua potable (solo hay agua salada) es uno de los motivos, además de la falta de trabajo, por la que sus habitantes migran a las grandes ciudades.

Después de buscar agua en un kiosco, único lugar donde la encontraríamos, y de comer algo, fuimos para la escuela. Ya era de tarde y ésta estaba desierta. Echados en los aislantes, bajo la sombra de una galería, dormitamos una siesta. Cuando la tarde finalizaba una tormenta de viento y tierra nubló el cielo. La temperatura bajó y al anochecer el cielo descargó algunas gotas. Hacía mucho que no llovía, pero igual era insuficiente.

Pozo Hondo

Viernes 12 de abril.

Amaneció fresco y lloviznando. Tuvimos que esperar unos minutos, menos de una hora, para partir hacia Pozo Hondo. Sólo nos separaban unos 20 kms., por lo que llegamos bastante rápido.En este tramo el cambio en el paisaje es notable. El verde empezaba a ganarle terreno al amarillo monótono que venía siguiéndonos hacía tiempo.

En la Municipalidad esperamos unos minutos para hablar con algún encargado que nos consiga o recomiende hospedaje en algún predio municipal. Como nadie venía, decidimos probar suerte en la Capilla. Cuando nos dirigimos hacia allí, nos dimos con un edificio de Caritas (institución religiosa destinada a obras de caridad) pegado a la Capilla. Allí conseguimos hospedaje –el cual cambiaríamos más tarde–y conocimos a Lucía, una niñita de unos nueve años con quien nos reímos bastante, tanto de sus preguntas como de sus ocurrencias. Ella preguntó, por ejemplo, si nos pagaban por hacer lo que hacíamos.

Mientras cocinábamos en el patio de Caritas, escuchábamos la radio comunitaria que funciona detrás de la capilla. El locutor, enterado de la presencia de dos ciclistas viajeros en el pueblo, nos preguntó si queríamos charlar con él al aire, a lo que respondimos gustosamente que sí.

A la tarde, después de la entrevista, Caro y Lucía fueron a la placita de enfrente a dibujar, mientras yo limpiaba y aceitaba las bicicletas. Intercambiaron dibujos y Lucía le entregó una cartita a Caro donde le contaba algunas cosas de su vida privada, según decía, y de que había sido el mejor día de su vida. Cuando llegamos a Jujuy teníamos un mensaje de su hermano, quien ante la insistencia de Lucía, nos escribió para saber cómo habíamos llegado.

Terminamos alojándonos a unas cuadras de allí, en lo de Norma, con quien Caro acordó hospedaje y cena a un precio razonable.

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El Bobadal

Sábado 13 de abril.

Mientras los sembradíos se repetían a nuestros costados, tuvimos que desviarnos 7 kms. hacia el este de la Ruta N34, la cual recorríamos desde La Banda.

En el pueblocomimos algo en el restaurante de un matrimonio conformado por un porteño y una santiagueña, que se encuentra al frente de la comisaría y en donde nos permitirían acampar. Antes de estohabíamos estado buscando hospedaje junto a los policías que,desde su camioneta, fueron mostrándonos posibles lugares para acampar. En el restaurante, nos dimos conque el jefe de la policía era un habitual del lugar. Así, charlando con éste y con el porteño dueño del lugar, conseguimos albergue en la casa del jefe, quien tuvo que ceder ante los imperativos pedidos de alojamiento para nosotros por parte del dueño del restaurante.

A  la mañana siguiente, en la salida del pueblo, un hombre en vehículo nos saludó diciéndonos que hacía dos días nos había escuchado en la radio. Mientras lo saludábamos contentos por el alcance de la entrevista, se alejó lanzando: “nunca van a llegar a México”. Pienso que no se va a enterar cuando lleguemos.

El próximo destino era Rapelli, un pueblo agropecuario que limita con Salta y una puntita de Tucumán.

Rapelli

Domingo 14 de abril.

Luego de soportar un agotador viento en contra y una subida, no muy empinada pero casi eterna, llegamos al pueblo.

Topándonos con los policías destacados en el puesto caminero,les consultamos por algún lugar para hospedarnos. Estos, nos invitaron al asado que casi finalizaba y nos invitaron a acampanar al lado de la comisaría, a 100 metros de la ruta.

SALTA

Antilla

Lunes 15 de abril.

Luego de 12 días en que la recorrimos de norte a sur, dejamos Santiago del Estero. Por la Ruta N34, repleta de quebrachos a sus lados, transitamos tres provincias en una mañana: Santiago, Tucumán y Salta.

Al mediodía, horario habitual en que arribábamos a destino, llegamos a Antilla. Luego de consultar con los jóvenes policías de la comisaría local sobre algún lugar para pasar la noche, fuimos a lo de Rosa, encargada de las llaves de la capilla. Habiendo conseguido hospedaje, comimos en el espacio contiguo a la capilla, donde acamparíamos. Sorprendidos de la cantidad de adolescentes que caminaban por el pequeño pueblo, nos dimos con la presencia del albergue juvenil detrás del templo.

De las localidades vecinas,decenas de adolescentes vienen para Antillas a estudiar en la escuela técnica,alojándose en el albergue de lunes a viernes. Son, aproximadamente, sesenta chicos, entre varones y mujeres.Viven en una especie de comunidad, en la cual tienen participación en los asuntos cotidianos. Por ejemplo, la noche que estuvimos allí, gracias a la invitación de Mario, el responsable del lugar,decidieron no contratar al profesor de guitarra, por su elevada tarifa. En el orden del día también se trató sobre las clases de folclore, con un voto positivo del sector femenino. En este contexto, dos viajeros en bicicletas, nosotros, ante todos estos adolescentes. Nos preguntaron cuánto andábamos por día, cuándo salimos y cuándo pensábamos llegar a México, qué haríamos con las bicicletas y de qué viviríamos. Una de las chicas le preguntó a Caro, un poco en chiste y un poco en serio, si la llevábamos a México con nosotros.

Luego de la agitada noche con los chicos, terminamos durmiendo en el salón parroquial, porque Rosa creyó que estaríamos más cómodos.

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Rosario de la Frontera

Martes 16 de abril.

Ante nuestra primera negativa en un cuartel de bomberos, nos dirigimos al bien mantenido polideportivo municipal. Éste cuenta con un camping en donde gastamos 28 pesos, lo único que desenvolvimos en hospedaje en todo el viaje.Desde aquí continuaríamos por la Ruta N9 que se empalma con la 34.

Metán

Miércoles 17 de abril.

La ruta 9 nos recordó por qué la evitábamos. En este trayecto es angosta y repleta de baches, y, para colmo, un ida y vuelta de todo tipo de vehículos es constante. Una que otra subida pronunciada, condimentan este tramo.

En las cercanías de Metán observamos el cartel que anuncia el desvío hacia la Posta de Yatasto. Este sitio histórico, históricamente nombrado por el encuentro entre San Martín y Belgrano, no podía pasársenos de largo. Por ello, sin importarnos los kilómetros de ripio, nos dirigimos hacia la Posta. Posiblemente por las grandes expectativas, la visita no fue lo esperado. Ya un rato antes de visitarla, en un parador al costado de la ruta, homónimo a la posta -lo que da a confundirla con esta-, un señor nos comentó de que la original ya no existía. Información confirmada por la encargada del lugar histórico. Todo esto, sumado a la pequeñez del edifico, hizo menguar mi entusiasmo. No era necesario que sea grande, pero con solo tres pequeñas habitaciones con escasa información, es difícil dar a conocer la historia del lugar. Igual aprovechamos para traernos algunos pomelos, naranjas y mandarinas, que abundaban alrededor de la posta.

Otra vez al mediodía, arribamos a la ciudad. Luego de comer unos sanwiches de fiambre en la bonita plaza, nos dirigimos al cuartel de bomberos, ya no tan confiados como veníamos, por la negativa recibida en Rosario de la Frontera.

En el cuartel nos encontramos con un hombre soldando una estructura de hierro, era el jefe. Le consultamos si nos podríamos alojar, tranquilizándonos ante su respuesta positiva. Los mates y las charlas con Hugo, el jefe, nos recordaron la amigable compañía de los bomberos.

A la tarde recorrimos la ciudad y ya de noche, junto a los bomberos, comimos una rica tarta de verduras hecha por Caro.

Saliendo de Metán, una mañana luminosa, la ruta se convirtió en autopista alejando un poco (un carril) a los apresurados conductores. Nuestro destino era Lumbreras.

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Lumbreras

Jueves 18 de abril.

Esta etapa fue de las más duras, algo así como una prueba final. La ruta, que por suerte estaba en muy buen estado, tiene bajadas y subidas abruptas y empinadas. En más de una subida tuvimos que utilizar los cambios más livianos, que casi nunca habíamos usado. La jornada fue extenuante, pero pudimos llegar a Lumbreras sin mayores sobresaltos.

Como en casi todo nuestro itinerario, no teníamos ningún dato de cómo sería el lugar de arribo. Este pueblito fue otra grata sorpresa. Muy pintoresco y rodeado de campos fértiles, es el lugar de ingreso al Parque Nacional El Rey. La cercanía del río Juramento es visible, tanto en su abundante vegetación como en la insoportable presencia de innumerables mosquitos jejenes. Esta compañía indeseada se notaba en nuestra cara de pocos amigos y en la poca paciencia entre nosotros.

Tapados por todo el cuerpo con campera, camiseta manga larga, gorro y pañuelo, almorzamos cerca de la comisaría. Luego del almuerzo, la siesta era tentadora pero casi imposible por los mosquitos. Entonces se nos ocurrió armar la carpa a orillas del río, tan solo a quinientos metros del pueblo. Allí estaría más fresco, ya que hacía mucho calor, y la carpa nos protegería de los jejenes. Sin estacas ni sobretecho, con el único fin de separarnos de los molestos chupasangre, dormimos una reparadora siestita.

Ya atardeciendo, sin la presencia de los diurnos insectos, volvimos al pueblo para comer algo y acampar en las cercanías de la comisaría. Sin despegarnos de las bicicletas, fuimos a un almacén donde al mediodía habíamos visto que también se cocinaba. Allí apareció Bichi, quién levantándose de un salto de su silla al vernos, se apresuró a presentarse y nos invitó a comer junto a él y sus acompañantes. Era productor agropecuario y en ese momento estaba comiendo con otro productor y dos empleados suyos. Nos comentó que a la mañana nos había visto en la ruta, cuando pasaba en su camioneta, saludándonos. La verdad, era tanta la gente que nos saludaba con bocinazos y pulgares arriba, que era difícil saber cuál había sido Bichi. Al rato, luego de terminar sus sandwiches de milanesa, partieron sus compañeros,  quedando soloBichi y nosotros. Allí aprovechó para contarnos muchísimas anécdotas, una atrás de la otra y relacionadas entre sí, todo esto en unos pocos minutos. Entre muchas otras cosas, y de felicitarnos por lo que hacíamos, nos dijo que Kirchner estaba vivo, que este era un país hiperinflacionario y que había combatido en Malvinas.

Avanzada la noche nos fuimos para una casa que Bichi tenía al lado de la suya, donde nos invitó a pasar la noche. La casa era una abandonada casona antigua, de piedraytechos altos, de las primeras del pueblo. Sin esperárnoslo estábamos recostados en camas, algo muy necesario para estar plenos al día siguiente, ya que afrontaríamos una durísima jornada, según nos habían advertido.

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Güemes

Viernes 19 de abril.

Apenas salidos a la ruta, bajo un sol luminoso, un cartel nos anunciaba la distancia hasta Güemes, nuestro último destino en Salta y el antepenúltimo de la travesía. La información suministrada por la chapa verde era distinta a la que nosotros teníamos, indicándonos una distancia mayor. Ante esto, decidimos buscar un pueblo intermedio en el cual pasar la noche.

Entre subidas y bajadas, la ruta se abría camino en un paisaje imponente. Rodeados de cerros verdes y tupidos, aceptamos el duro camino si continuaba así el entorno. No obstante, sufríamos ante cada bajada empinada que significaba una subida proporcional, o más extensa.

En este tramo, ocurrió un hecho curioso: dos pinchaduras, una en cada rueda, al mismo tiempo.Siempre en mi bici, Caro salió invicta en todo el viaje. Este pequeño suceso nos demoró un poco, pero sirvió para tomar el aire que parecía escapársenos.

El pueblo a mitad de camino era Palomitas, al cual llegamos después de bajar dos kilómetros por un camino pedregoso. Consta de una sola calle en la que hay dos o tres casas, una capilla pequeña y una escuela. Nos dirigimos a esta última como posible albergue. Al ser viernes, el maestro nos dijo que los chicos se estaban yendo y la escuela se cerraba por el fin de semana; funcionaba como albergue de lunes a viernes. Le preguntamos por la capilla y nos dijo que allí sí era posible pasar la noche. Antes de visitarla, pasamos por una casa con almacén, el cual está dentro del mismísimo living, justo cuando estaban almorzando. El señor que nos vendió pan y fiambre –junto a las empanadas, nuestro menú habitual– nos anotició de que la información originaria, en cuanto a la distancia a Güemes, era correcta y que estábamos a tan solo diecisiete kilómetros de allí. Oído esto, nos dirigimos a la capilla donde decidimos dormir una breve siesta y después partir para Güemes.

Llegamos casi anocheciendo, por primera vez viajamos de noche. El cansancio y las ganas de llegar nos hicieron romper una regla que nos habíamos impuesto. Nos alojamos en uno de los dos cuarteles de bomberos que tiene la ciudad, algo que muy por el contrario a lo que pareciera –tener dos cuarteles– no es nada ventajoso. Internas, desidia y orgullo, según lo que pudimos apreciar, dieron origen a la creación delsegundo cuartel. Careciendo el primero de personal y el segundo de vehículo, no se observa un funcionamiento conjunto, siendo la única víctima de esta situación la población de Güemes.

El jefe del cuartel cercano a la ruta, un porteño retirado de la división bomberos de la Policía Federal, nos recibió atentamente. Otro personaje peculiar que se nos cruzó en el camino. Nos contó, entre muchas anécdotas, de su pasión por la pizza y las antiguas pizzerías porteñas, de sus noches rockeras de adolescente en la mítica Cueva, y de cómo las vueltas de la vida lo llevaron a Güemes.

El personal del cuartel era muy joven, solo había, además del jefe, un bombero de experiencia, que de paso, hay que decirlo, esa noche cocinó riquísimo. Los demás eran jóvenes voluntarios entusiasmados con su profesión. No recuerdo ningún nombre, salvo el de SergiaRosemery. Por la singularidad del nombre y de la linda persona que lo llevaba, es difícil de olvidar.

JUJUY

San Salvador de Jujuy

Sábado 20 de abril.

Arrancamos en el horario habitual, entre nueve y diez de la mañana. Ni siquiera en nuestro último día pudimos salir antes. Habíamos decidido seguir derecho hasta San Salvador y no parar en Perico, como indicara la ruta original.

Hasta Perico el camino fue normal en cuanto a la dificultad, pero especial emocionalmente por ser el final del trayecto. En el ingreso a Jujuy nos tomamos las fotos de rigor junto al cartel de la botita y al que recuerda la historia patria jujeña con la leyenda “Jujuy – Pórtico maravilloso de la Patria”.

Luego de Perico el camino se hizo interminable. Era mediodía y el calor intenso, para colmo la rueda de mi bicicleta empezaba a mostrar su desgaste. En San Salvador nos esperaban mi madre y mi hermana María Pía, según los mensajes de texto que entrecruzaba con ésta.

A eso de las tres o tres y media de la tarde llegamos a San Salvador. En una estación de servicio tomamos, casi en tiempo record, un agua saborizada. Desde ahí seguimos por una colectora de la autopista, por la que se podía ingresar al barrio que me vio nacer, Cuyaya. Entramos en el barrio y luego, en contramano, bajamos por la calle de la casa de mi madre. Ella nos esperaba sobre la vereda, mirando para el sentido por el que tendríamos que llegar subiendo, es decir, de espaldas a nosotros. En ese momento salió mi hermana gritando: “¡allá vienen!” Mientras mi madre se daba vuelta, frenamos las bicicletas, jadeantes y acalorados, en el destino indicado. Felices de haber alcanzado la meta propuesta, que hacia un tiempo parecía irrealizable, nos demostramos a nosotros mismos que no hay imposibles.

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Así concluyó nuestra travesía de veintiocho días de andar en bicicleta. Recorrimos seis provincias, donde paramos en veintiuna localidades, entre pueblos y ciudades. Nos alojamos en cinco cuarteles de bomberos, dos capillas, una escuela, siete casas de familia, tres predios municipales y dos espacios públicos. Transitamos alrededor de 1.000 kms., viajando más de 100 horas, con un promedio de cinco horas por día. Las rutas transitadas fueron la N9, la N60, N157, N89, N34 y N66.

No contamos a todos aquellos que nos dieron fuerza en el camino con sus gritos de aliento, bocinazos y pulgares arriba. Para todos ellos ¡Gracias!

CRÓNICAS DEL VIAJE EN BICI en PDF

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8 comentarios en “En Bici de Córdoba a Jujuy

  1. Vane dijo:

    Hola Amiga Querida! Tanto tiempo, que bueno tener noticias tuyas….como andan???

    Estuve leyendo detenidamente todo el blog….Caro que aventura, que anécdotas, que vivencias, que viaje…es impresionante, me gustaría estar en tu lugar y poder irme de esta rutina que tanto me agobia….

    Les quiero desear lo mejor de ahora en adelante. Cuidecen mucho, que estén bien, seguimos en contacto y seguime informando de su placentero viaje.

    – Te quiero mucho Amiga y se te extraña horrores –

    Abrazos y besos enormes para los dos!

    Éxitos y a * SEGUIR GALOPANDO *

    Vane 13-06-2013

  2. Noe dijo:

    Caro!!!!!!! Es increibLe tu espíriTu y el de Martín también!! IncreiBle lo que hacen, pero Muy Real y con un GRan Valor humaNo – la verdad que Super RE Contra Felicitaciones! Es una gran Enseñanza de formA de Vida – REcoRRAn nunca ParEn – sigan adelanTe hasta con el último Aliento – brillen x si mismos que el Universo los guía – les deSeo lo mejor del Mundo !!! Beso gigante y la Verdad que Comparto a mil su filosofía de nueva vida – alta decisión la que tomaron – ME ENCANTAAAAAAAAAA!!! Noe Rossetto

  3. ELVIA GARNICA dijo:

    Queridos chicos , me emociona tanto sus logros que solo puedo decirles ¡ gracias por dejarnos compartir su tan ansiada travesia! Muchos besos y fuerza queridos GALOPA MUNDOS.
    MAMÁ – Jujuy 14 06 2013

  4. Mirian Ruatta dijo:

    Caro y Martín, hoy me puse a leer detenidamente todo el blog. Los Felicito!!! que hermoso todo lo que cuentan y nos permiten conocer, Toda la suerte del mundo y estoy ansiosa por leer lo que sigue en esta maravillosa travesía. Un gran abrazo.

  5. ALBERTO E VAGO dijo:

    Así concluyó nuestra travesía de veintiocho días de andar en bicicleta. Recorrimos seis provincias, donde paramos en veintiuna localidades, entre pueblos y ciudades. Nos alojamos en cinco cuarteles de bomberos, dos capillas, una escuela, siete casas de familia, tres predios municipales y dos espacios públicos. Transitamos alrededor de 1.000 kms., viajando más de 100 horas, con un promedio de cinco horas por día. Las rutas transitadas fueron la N9, la N60, N157, N89, N34 y N66.

    CHICOS….. !!!! CASI NADA, QUE LINDO RELATO Y QUE BUENA EXPERIENCIA, QUE LO APROVECHEN, DISFRUTEN Y SE CUMPLAN TODAS LAS EXPECTATIVAS…
    COMO APORTE.. BUSQUEN TAMBIEN POR DONDE PASAN ALGUN RADIOAFICIONADO, SUELEN SER BIEN SOLIDARIOS, LES PUEDEN AYUDAR PARA EL PROXIMO DESTINO… MUCHA SUERTE…!!! LU2HOB – ALBERTO

    • maria rosa martino dijo:

      hola caro y martín: hermosa experiencia, muy bello vuestro sueño, todo emociona…muchas bendiciones y mis sinceras felicitaciones y.. por ahí se encuentran
      con nina y ale hoy llegaron a Lima, Perú, en la Renoleta de la tía Betty, una joyita.Jaj

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